Análisis sobre los textos de Feinmann
Según Feinmann, se puede desglosar o separar la palabra perejil en “Pérez” y “Gil”, porque “Pérez” representa el anonimato, pues no hay apellido más común que ese. En cuando a “Gil”, es una palabra con carga totalmente negativa en Argentina, dado que un gil, es aquel que no sabe porque actúa y es fácilmente manipulable.
Los mal llamados “perejiles”, eran los periodistas, escritores, obreros, militantes y sindicalistas que creían en un futuro mejor y en encontrar una salida democrática a la crisis pero sin la utilización de las armas. Para la gente común fueron “perejiles” los que terminaron muertos o desaparecidos por ser confundidos con la guerrilla; y para Massot eran “el aparato sofisticado de superficie” del movimiento subversivo.
Ni una cosa ni la otra. Los periodistas, escritores, amigos y familiares de los montoneros no fueron perejiles, pero tampoco fueron “un aparato sofisticado”, sino que fueron los que dieron la cara. El autor lo deja bien en claro: “No murieron por tontos, murieron por generosos, y ya nadie muere ni se enferma de eso en nuestros días”
En síntesis, se puede afirmar que en el texto “La sangre derramada” se desaprueba rotundamente el término “perejil” para hacer mención a los que murieron injustamente en la dictadura.
En su segundo texto titulado “monólogo del homo-setentista”, Feinmann plantea las criticas que los jóvenes de 1970 le hacen a los de 1990, y como estos últimos responden ante las agresiones.
En este segundo escrito se vuelve a insistir con el término “perejil”, pero esta vez, los perejiles son los jóvenes de 1990; los que usan la imagen del Che Guevara para decorar el cuarto y no como símbolo de la revolución. Los que hablan de “utopías” en lugar de proyectos revolucionarios. Los que no conocen el verdadero significado de la prohibición, porque están protegidos por la ley de libertad de expresión.
El último párrafo del “monólogo del homo-setentista” es contundente: “En serio, les tengo lastima. Es verdad, les quitamos todo porque no les dejamos nada. Porque todo lo hicimos nosotros. Porque es nuestro el heroísmo, la generosidad, la entrega, los ideales y el martirio. Ya nadie va a combatir en este país como combatimos nosotros. Ya nadie va a sufrir como sufrimos nosotros. Valió la pena”
Rápidamente sale a la luz la respuesta de los jóvenes de 1990, que prefieren el pacifismo a la violencia y valoran la vida por sobre “la muerte heroica”, que tanto caracterizó el movimiento montonero de los años ’70.
¿Por eso son “perejiles” los jóvenes de los ’90? ¿Por qué preferimos la vida antes que el martirio? ¿Por qué no queremos combatir?
Haría falta recordar, al igual que lo hizo Feinmann, que Rodolfo Walsh perteneció a la época de los ’70 y sin embargo no elogió el camino de las armas. Opto por el poder de la pluma al escribir “Carta abierta a la junta militar”, obra escrita el 24 de marzo de 1977 (por el primer aniversario de la dictadura) en donde el autor critica abiertamente los hechos y crimines atroces que se cometieron en esa época.
Charly García, Mercedes Sosa y León Gieco, entre otros artistas, optaron por el camino de la música para manifestarse en contra de las injusticias, sin necesidad de combatir ni recurrir a la violencia y a la muerte.
¿Quiénes son los perejiles? La respuesta es nadie. En los ’70 no fueron perejiles los periodistas, escritores y trabajadores que murieron injustamente por no ser guerrilleros, y en los ’90 no fueron perejiles los jóvenes por ser pacifistas, sino que eligieron otra modalidad para manifestarse.


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